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¿Cómo viven en el pueblo más frío del planeta?

28/enero/2018.- En Oymyakon, Rusia, los niños van a la escuela en temperaturas de -45C y el termómetro puede bajar mucho más.

En 1933, la temperatura bajó a -68C, un récord mundial.

Nada de eso interrumpe el curso normal de la vida en este pueblo una de cuyas actividades es la pesca en el hielo.

Oymyakon está situado al este de Siberia (Rusia), se trata del pueblo con las temperaturas más frías del mundo, donde hasta lo más cotidiano se convierte en una epopeya.

Vivir a estas temperaturas extremas no es nada sencillo y, si no, que se lo digan a los cerca de mil habitantes con los que cuenta Oymyakon. Se trata de una zona donde el invierno comienza en el mes de octubre, cuando las temperaturas empiezan a rondar los -20 grados. A partir de ahí, y durante cinco meses en los que solo hay unas seis horas de luz, el frío es extremo, hasta llegar a mayo, en que el calor empieza a hacerse notar. En julio, el frío da un respiro y se alcanzan los 30 grados positivos.

Sin embargo, enero es cruel y las temperaturas suelen superar los -50 grados de manera habitual. No en vano, este mismo lunes los termómetros llegaron a registrar hasta 62 grados bajo cero, casi 10 menos que la temperatura más baja registrada nunca antes en una zona habitada de nuestro planeta y, cómo no, tomada en este mismo pueblo: -71,2 grados que se alcanzaron en el invierno de 1924. Un frío que obliga a cambiar hasta el más mínimo detalle para evitar problemas.

Como es evidente, las autoridades toman cartas en el asunto en estas fechas: limitan la circulación de vehículos para evitar hipotéticos accidentes o cierran los colegios durante el mes más frío. Pese a que existe una central térmica que funciona a base de carbón para abastecer a la población de Oymyakon, lo cierto es que es insuficiente para evitar que el frío penetre en los hogares. Tanto, que hasta hacer las necesidades en el baño es imposible.

El frío tan alto provocaría que las cañerías reventaran por el hielo, lo que da lugar a que no cuenten ni tan siquiera con agua corriente. Así, los baños se encuentran en una pequeña caseta de madera en el exterior, con un agujero en la densa nieve a modo de retrete. Cuando necesitan agua potable, acuden a los pueblos más interiores o a las termas con las que cuenta el poblado. Aunque, al menos, cuentan con una buena noticia: no necesitan nevera en casa.

En 2013, un fotógrafo neozelandés llamado Amos Chapple acudió a la zona para inmortalizarla con su cámara, pero pronto descubrió que los aparatos electrónicos se congelan y dejan de funcionar a tan baja temperatura: “Es muy difícil retratar la vida allí. La gente no pasa en la calle más tiempo del necesario, son muy cautelosos. Y las pocas personas con las que uno puede encontrarse no tienen muchas ganas de conversar, conducta totalmente comprensible a -65 grados”, confesaba.

La población vive de la ganadería y de la minería, las dos labores principales de la zona, pero eso no les impide contar con tecnología punta: smartphones, wifi o televisión por cable son algo habitual en los hogares. Incluso los garajes en los que tienen estacionados los vehículos se encuentran calefactados pues, de otro modo, conseguir arrancarlos a una temperatura tan baja sería prácticamente una utopía. Eso sí, la bebida también se ha convertido en un problema en la zona.

La vida en Oymyakon no es sencilla, una zona donde, curiosamente, el riesgo de incendios es muy alto —por los materiales utilizados para calentarse—. Eso sí, tienen el honor de ser la zona más fría de la Tierra, donde vivir por debajo de los -60 grados se ha convertido en una obligación.

Con información de BBC y El Confidencial

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