CORTESÍA
Maternidad rebelde: la aventura de Hellen
Romper el molde en una sociedad plagada de estereotipos y expectativas
MINERAL DE LA REFORMA, Hidalgo, 10/mayo/2018.- Entramos en el portal de una pequeña casa adornada con bugambilias. Adentro la sala no es sala, es un espacio adaptado para dar clases de danza. Ella lleva las verduras que compró en el mercado a una cocina pequeña y desordenada. Enseguida se disculpa.

- Perdona el desastre, los niños estuvieron aquí. Hace tiempo me di cuenta que no todo tiene que ser perfecto… y eso me liberó profundamente -


Con esa frase inicia su manifiesto, una premisa sencilla pero potente en un país en el que, por tradición, se exigen roles definidos para la mujer, en el que el estereotipo de la madre es el de una figura abnegada y experta en limpieza y guisos.

Soy doula pero no partera

Estoy allí para acompañarla en una de sus consultas. Es doula, que no es lo mismo que partera, los roles son diferentes. Sin embargo, utiliza léxico especializado para describir términos y complicaciones del embarazo y postparto.

Hellen puede sumergirse en el tema fácilmente, constantemente lee y cursa talleres, lleva siete años ejerciendo. Si no puede contestar algo, investiga. Ya está conectada con una red de colegas y profesionales de la salud.

Aclara: es importante definir los límites. Una doula no puede evaluar ni físicamente, ni psicológicamente a una paciente, tampoco sugerir o recetar medicamentos, a menos que posea una profesión que le dé injerencia en dichas materias.

“Somos acompañantes antes y después del parto. Toda mujer merece tener otra a su lado que la asista y la acompañe con amor y conocimiento, sin mitos o folclorismos”. Se queja de que no hay grados académicos en México para certificar este oficio. “Muchas deben cursar sus estudios en el exterior”.



La plática discurre en la cocina. Los pacientes no lograron llegar a la cita y ella lavará sus platos. Ofrecí ayuda pero, en códigos de hospitalidad mexicana, eso sería casi depravado.




Ser madre exuberante

Hellen es una mujer suave, con tenis floreados y sin gota de maquillaje. Su andar es fluido y sus gestos amables. A primera vista, no hay nada contracultural en ella. Pero sus decisiones de vida sí lo son, o por lo menos en un paradigma histórico de la maternidad latinoamericana.


Además de ser doula, tiene una pequeña escuela de danza en su hogar y asiste con mercadotecnia a pequeñas empresas, lo hace para tener ingreso propio y apoyar a su pareja.

Tienen cuatro hijos: Quetzal, Jeshua, Sarah y Arantza. Defiende que la maternidad no tiene que ser obstáculo para la liberación femenina, habla con erotismo del cuerpo, del parto y de sus hijos como su pandilla.





Después de dos alumbramientos en hospitales, en uno de ellos en el que presenció la cesárea de otra mujer mientras se recuperaba del suyo, es crítica del sistema de salud. Una posición que muchos calificarían de “chaira”, pero que no es tan subjetiva considerando que la violencia gineco-obstetra es un hecho denunciado.

El fenómeno lo confirman casos como el de Carmen Rincón, que devino en una denuncia internacional o la experiencia de Raymundo Cortés y Silvia Aguilar quienes ingresaron el pasado 25 de septiembre al Hospital de la Mujer para ser atendidos en su parto. Sin embargo, tras casi 12 horas de labor, Silvia recibió a su hijo sola. Tuvo suerte de que el niño no resbalara de la camilla y cayera al suelo.


Hellen promueve el proyecto “Nacer Dignos”, explica que cada vez más mujeres señalan su necesidad de tener un parto humanizado, pero que sea accesible a sus posibilidades económicas.



“Algunos médicos aseguran que las pueden atender bien pero en privado. Las opciones están entre tener tu hijo en un hospital público o pagar en una clínica privada un parto que cuesta alrededor de los 40 mil pesos”.




Frente a este panorama las mujeres toman el riesgo de tener a su hijo en casa y sin asistencia profesional: “Esa no es una elección tomada con verdadera libertad”. Añade que, según criterios de la Organización de Naciones Unidas (ONU), no deben tratar el parto como una patología; debe modificarse la óptica con la que los profesionales de la salud abordan la atención a las embarazadas.

Según datos del Subsistema de Información sobre Nacimiento de la Secretaría de Salud en el último trimestre de 2017, nuestro estado ocupaba el segundo lugar del país con el mayor número de niñas madre. Entre 2012 y 2015, el 88 % de los nacimientos correspondió a madres de 14 años, muchas de ellas procedentes de comunidades rurales.

Los embarazos de menores de 16 años son considerados de riesgo e implican cuidados especiales. Sin embargo, no existe un hospital perinatal en Pachuca.

La rebelión: educación en casa

Comemos cacahuates mientras Sarah y Arantxa nos visitan, curiosas para indagar quién es la visita de hoy. Yo, sujeta de estudio, trato de parecer coolante las miradas de las dos jovencitas escrutadoras. Basta intercambiar algunas palabras para notar que son inteligentes y despiertas, los cuatro niños están en casa.

Decidió no escolarizarlos. Una decisión que no le ha regalado muchos halagos de su familia ni de conocidos.



Sin embargo, las criaturas son amables, se expresan bien, socializan. No soy experta en pedagogía pero Quetzal, Jeshua, Sarah y Arantza, lucen como chicos regulares. Hellen comenta que están al día con todas las operaciones básicas de álgebra y las capacidades de lectoescritura.

Asevera que han leído más libros que algunos adultos que han asistido a la academia y que exploran sus propios intereses.


Sarah escucha la conversación que tenemos mientras da forma a un pez y a un puckcake con sus puntadas de hilo blanco. Los regalos los dará en un refugio que visitan en el centro. Hacer labor social es parte de su educación.



Han pasado un poco más de dos horas y pronto tendré que partir. Sigo sentada en la cocina junto a Hellen y su dos hijas. La maternidad, la rebeldía a las expectativas, las posturas de vida, el oficio de doula, la salud reproductiva, son temas que hemos tocado en nuestra tertulia.

Empiezo a intuir que ella también debe seguir con su rutina, para este momento me atrevo atestiguar que es feliz. Ella lo señala constantemente. Eso es lo que más me impacta, como mujer: la posibilidad de ser feliz y de vivir la feminidad desde la libertad, desde tus propias elecciones sobre tu cuerpo y tu vida, desde la sororidad y la diversidad. Eso me parece invaluable en una sociedad en la que prevalecen los moldes y las expectativas.





No estoy embarazada, pero siento que la doula me acompañó esta mañana, me despido y sé que hice trampa, me robé una consulta.





Ida Vanesa Medina
Reportero

Susana Hernández
Editor



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